Frente al poder cultural constituido proponemos una

constitución que nos devuelva a los ciudadanos y

ciudadanas el poder de crear cultura.

DEFINICIONES
Tratar de posicionar el problema de la cultura en el escenario político a propósito de la asamblea nacional constituyente es una tarea tan complicada como indispensable. Complicada porque tenemos que empezar por definir de qué hablamos cuando hablamos de cultura en tiempos de cambio político. Indispensable porque no parece viable el Ecuador del siglo XXI sin un proyecto de futuro colectivo construido desde la diversidad y en el territorio de lo simbólico, es decir, de lo cultural.

Lo primero: de entre las múltiples definiciones de cultura, la que nos interesa aquí es la que hace referencia al tejido simbólico que nos sostiene como sociedad, es decir, a los diversos modos de producción y reproducción de significantes y a las redes que permiten la circulación de significados dentro de ese tejido. Nos interesa la cultura, en definitiva, en tanto espacio de circulación del poder simbólico que, a su vez, legitima y posibilita todas las otras formas del poder o, por el contrario, las cuestiona y ofrece resistencias.

Lo segundo: a pesar del avance que hizo la constitución de 1998 al reconocer al Ecuador como un estado pluricultural y multiétnico, el proyecto hegemónico del estado-nación sigue vigente en el terreno cultural, lo que impide una transformación profunda de los códigos que ordenan nuestro sentido de la vida colectiva y, por ello, conduce al fracaso recurrente de nuestro proyecto de país.
 
LA INVISIBILIDAD DEL PROBLEMA 
El tema de la cultura, siendo medular en la configuración de los dispositivos de dominación que perpetúan las relaciones de poder dentro de la sociedad, resulta prácticamente invisible para el conjunto de la sociedad. Al momento de identificar las cuestiones urgentes que tendrá que tratar la asamblea constituyente para la transformación del país, la ciudadanía identifica sobretodo las relacionadas con los sistemas económico y político; se identifican también la educación, la salud, la energía y el medio ambiente, siempre como cuestiones derivadas de lo económico y lo político. 

En el imaginario ciudadano la cultura no aparece entre las cuestiones de debate urgente.  Se la considera una cuestión secundaria, un lujo al que un país con tantos problemas no puede dedicarle mucha atención o simplemente no se la considera un problema. Y es que la estrategia fundamental de la dominación simbólica ha sido, en todas las épocas, ocultar sus dispositivos y proponer como natural aquello que es una construcción histórica. 

Por eso, para la mayoría de ecuatorianos y ecuatorianas, no hay nada más natural que considerar la cultura como un tema de consenso nacional, valor supremo de la ecuatorianidad, bien común que está por encima de las diferencias sociales o “patrimonio del pueblo” y “elemento esencial de su identidad”, como reza la constitución de 1998. La cultura está posicionada, además, como algo accesorio, relacionado apenas con el espacio ingenuo del ocio, los espectáculos y el entretenimiento; un tema, en definitiva, para la sección C de los diarios (tres páginas después de los deportes) o los segmento “gente” y “en corto” de los noticieros. 

El punto de partida obligado para el debate constituyente sobre cultura sería, entonces, el desmontar esos “lugares comunes” para desvelar el modo en que está construido el consenso alrededor de la cultura y los intereses a los que responde ese consenso; deshacer el supuesto según el cual la cultura es accesoria y no requiere ser problematizada; sacar a la cultura, en definitiva, del territorio inocuo de lo cultural para colocarla en el territorio de confrontación de lo político.

PROPUESTAS 
Creemos que sólo será posible superar nuestros problemas históricos como país (corrupción, pobreza, discriminación) con un proyecto de futuro colectivo construido desde la diversidad.

Planteamos la necesidad de superar el proyecto cultural del estado-nación, que pretendía conservar la tradición, rescatar la identidad y llevar la cultura al pueblo, para fundar un proyecto que garantice el derecho ciudadano a producir y difundir bienes simbólicos propios, posibilitando la reinvención de las tradiciones y la reconstrucción permanente de las identidades; un proyecto de soberanía cultural que nos permita dialogar con dignidad con el resto de países del mundo, dejando atrás el rol de meros consumidores de productos culturales que tenemos actualmente en el mercado global. 

Proponemos que la nueva Constitución redefina el concepto de cultura desde el que el Estado asume la gestión del universo simbólico del país, a partir de los siguientes CONCEPTOS PARA EL DEBATE: 

VIEJOS PARADIGMASDE LA CULTURA NUEVOS PARADIGMASPARA LA CULTURA
La identidad como indagación en el pasado solamente Las identidades como construcción permanente
Tradición como algo heredado Tradición como un tema en constante reinvención
Énfasis en “lo que somos” como país Énfasis en “lo que podemos llegar a ser”
Énfasis en la multi-culturalidad Énfasis en la inter-culturalidad
Dicotomía estado – mercado (los bienes culturales son mercancías o símbolos oficiales) La ciudadanía, en su diversidad, debe tener el poder para producir sus propios bienes culturales
Dicotomía entre cultura blanco mestiza (dominante) y culturas indígenas y afros (dominadas) Complejidad de los juegos del poder hegemónico y las resistencias culturales en todas las culturas

  

Proponemos, finalmente, que la Asamblea Nacional Constituyente avance hasta la aprobación de una LEY ORGÁNICA DE CULTURA que contemple, entre otros, los siguientes puntos:

- La definición del concepto de cultura con énfasis en la creación y la producción desde la diversidad.
- La re-definición del rol de las instituciones que están a cargo de la gestión cultural en el país, dándole al Ministerio de Cultura un rol de organismo rector.
- La regulación jurídica de la actividad productiva (para establecer reglas en el sector público y privado).
- Políticas de estímulo a la actividad económica cultural (fomento de las industrias culturales).
- Ampliación del acceso a la cultura en el campo educativo.
- Protección del patrimonio vivo de la cultura.
- Integración regional (tratados internacionales en el campo cultural)


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