Soy un hombre feminista
General Marzo 6th, 2008La mujer es estratega por naturaleza. Como nos recuerda Simon De
Bouvieur en el Segundo Sexo, lo fue desde la invención de la
agricultura, cuando inventó la permanencia, el largo plazo, la
previsión, la planificación, la doble mirada entre lo micro y lo
macro, que se trivializa llamándola intuición y que tiene más que ver
con ese fruto de la razón, el corazón y el tiempo, que es la sabiduría.
La mujer se convirtió en una base fundamental de reproducción social y
económica, a costa de asumir la responsabilidad del trabajo de
sobrevivencia: la que recién hoy emerge con su nombre político de
economía del cuidado, una vez que tuvo que recordársela a la sociedad,
que había dejado en la sombra este relevante aspecto limitándolo al
valor de uso, al tiempo de negar durante siglos su valor de cambio.
La mujer es luchadora por naturaleza. Nunca es redundante la
referencia a la mujer obrera en inicios de la industrialización y su
admirable protagonismo en la organización sindical. Tampoco lo es
recordar que, a fines de 1700, la mujer fue pieza clave del
pensamiento anarquista, dando otra dimensión más profunda a su lucha,
desafiando los poderes instituidos por la Iglesia y la sociedad
patriarcal, con su visionaria lectura e interpretación de la
realidad.
La mujer protagonizó el primer descentramiento fuerte a los
fundamentalismos ideológicos, visibilizando su realidad de
sometimiento, tanto en los regímenes capitalistas como en los
regímenes comunistas y abriendo la brecha de comprensión de las
diferencias culturales. Y continúa aportando su valiosa perspectiva de
género en todos los ámbitos de la sociedad.
La mujer es política por excelencia. Pese a que el capitalismo la ha
querido sumir en el mundo del consumo, de la imagen, del cuerpo sin historia y de los
estereotipos, no se doblega y va más allá: reivindica ahora la
soberanía del cuerpo y no la reivindica solo para sí, sino para todos
los géneros.
En el anarquismo habían germinado ya como reivindicación los derechos
del cuerpo, en la promoción de la libertad sexual, del control sobre
la maternidad, profundizando con estos planteamientos la democracia y
proponiendo la soberanía individual, en que se incluyen los derechos a
las diferencias en materia de sexualidades.
No se ha hecho justicia a la mujer. No ocupa cualitativa ni
cuantitativamente el lugar que debería en la sociedad. Sin embargo, la
fuerza de su pensamiento se abre paso, su aporte no cesa, su presencia
cuestionadora patea el tablero de la historia y rompe paradigmas cada vez,
materializando la densidad de su razón a través de transformaciones
sociales, donde su perspectiva ha activado remesones históricos
importantes.
Por eso simplemente me queda por decir, que me declaro decididamente, un hombre feminista.
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