Jóvenes por la Constituyente
Campaña, Propuestas Septiembre 5th, 2007Jóvenes que asumen el reto de Cambio
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Septiembre 10th, 2007 at 1:27
Hola Amiga, te paso esta crónica del recorrido de ayer, para que la comentes, un besito,
Ya vendrán los tiempos de otras Tierras posibles
Por Orlando Pérez
Fue la primera vez: mis hijas y mis padres nos convocamos juntos a participar políticamente. Nos juntamos espontáneos, como cualquier domingo cuando vamos a caminar al parque o a organizar el almuerzo familiar. Y ahora preparamos la segunda participación. ¿Dónde? Donde sea, el próximo domingo y los días que sean. La causa es una: la victoria ciudadana, la nuestra, la de tres generaciones, porque es la última oportunidad de mis padres, la segunda mía y la primera de mis hijas. No podemos perder más. A los ojos nos decíamos: “Es la hora de ganar”.
Este domingo 9 de septiembre llegamos al Quinche. Ya era medio día. El sol se escondía. El pueblo estaba repleto: de gente humilde (que llega de todas partes); de vendedores de comida, ropa, zapatos, chucherías e imágenes religiosas; de candidatos de cuatro listas (la 35, la 41, la 68, la 15). Autos parqueados en todas las calles mostraban un escenario de participación política electoral: cada uno portaba una bandera, un afiche, un stiker, una foto…
Mi padre nos conducía hacia el parque y la iglesia. Conoce la zona porque es un ferviente católico. Mi madre llevaba a mis hijas de las manos, cautelosa y precavida para no extraviar a las guaguas en la multitud. Yo buscaba a los amigos, a los compañeros y a los dirigentes para saber qué hacen, qué quieren, qué buscan, cómo hablan con la gente, cómo hacen para comunicar a los hombres y mujeres que esta es la ocasión de juntar sueños y reunir voluntades.
Entre las calles encontramos a la Alexa, como le dice ahora mi hija Amanda a esa negra de ojos bellos, que quiere ser una asambleísta auténtica, como nos confesó; al Norman y al Virgilio, que juntos pueden hacer una pareja de ‘grandotes’ para cualquier disputa; nos abrazó la Pilar, mi antigua profe universitaria, que ahora me pide consejos y me da más aliento para ser exigente con mi trabajo; a la Tocha y a la María Paula: las dos con sus sonrisas enormes, de mujeres coquetas y convencidas; al Alberto, ese hombre alto y tierno que le dice a mi padre que no dude que vamos a ganar; a la Mónica, esa india bella y chiquita (mi hija Sara dice que es más pequeña que la Amanda), que con una sonrisa contagiosa me hace ver la foto que se ha tomado en el parque, junto al Alberto, subidos en los caballitos de madera: uno enorme para ella, donde quedan sus piernas colgadas, y otro pequeño para él, para ponerse ‘a la altura’ de su compañera de fórmula.
Están todos y todas: los de antes, los de ahora, los que serán para siempre. Ellos me entusiasman y yo entusiasmo a mis hijas y padres. Prestamos las manos para repartir volantes y también tenemos los oídos abiertos para escuchar a la gente, como al señor Luis Suntaxi, con sus seis hijos, el primero de ocho años y la última de uno. Él con su mujer, Esther, llegaron a misa desde Guaranda y no se imaginaron ver a los ‘ministros’ de Correa. Vienen a pedir por la salud de su abuelo Manuel que tiene una diabetes aguda. Tímidos y recelosos quieren una bandera para llevarse a su tierra porque son de la 35. Quieren también saludar al ministro Alberto. No quieren obras ni piden caridad. Les place y se sonrojan cuando la Mónica les abraza y luego el Virgilio les explica cómo deben votar. “Sí, así vamos a votar, porque nos dijeron que teníamos que votar por 14 candidatos, pero en Guaranda nos dicen que solo por dos”, dice don Luis, con sus ojos de 27 años bien vividos en la esperanza.
Dos horas en el parque y mis hijas están cansadas y mis padres tienen hambre. Les pido, con los ojos, un poco de paciencia porque luego vamos en caravana a Carapungo. Comemos al apuro. No saber cómo se mueven las caravanas nos advertía de no perdernos de ningún detalle: ya suben los carros, no vienen los candidatos, se están quedando muy atrás, dale papi que te pasan, pidan una bandera para adornar el carro, pon en el vidrio el stiker de la Mónica, ese está bien bonito. Las frases se nos cruzan y entremezclan. Estamos excitados. Mis hijas y mis viejos más que yo. Les veo de reojo y me conmuevo. Sin pensarlo estamos todos en lo mismo. Sentimos lo mismo. Sabemos lo que sentimos.
Y durante una hora recorremos Carapungo: un pueblo dentro de la capital, con todo su gentío, muchos guaguas por todas partes, demasiados negocios en cada calle, gente adulta y de la tercera edad muy emocionada con el paso de la caravana, un joven que pide a gritos una bandera y al recibirla la besa con fuerza y se la lleva al pecho como si fuera la de El Nacional cuando quedó campeón. Y todos coinciden: “¡Dale Correa!”.
Me sorprende ver al Paco Velasco, al de la radio, presentarse con júbilo, sobre todo a los jóvenes raperos, punkeros, metaleros, hihoperos, futboleros, enamorados… A todos les da su sonrisa y les alienta a acompañarles. De candidato es otro. Mucho más alegre y jovial que en la cabina cuando luchaba contra Gutiérrez. Me encanta la Mónica, que en su tamaño, se abre paso entre los vecinos del barrio para estrecharles la mano y darles sus hojas volantes. Y mis respetos para el compañero Alberto: su ternura y alegría solo gana simpatía sin abrir mucho la boca o decir frases hechas. Me recuerda cuando en Guayaquil, repartiendo calendarios de Correa, en la primera vuelta electoral, me dijo: “Ya nos jodimos: vamos a ganar”.
Cae la noche. El tráfico aumenta. Carapungo es un millar de gente comprando el pan, llegando, saliendo, hablando en las puertas de las casas. Nosotros nos vamos, estamos cansados, pero emocionados, con adrenalina por todas partes. La Amanda dice: “Qué pleno papi hacer campaña”. La Sara, le corrige: “No es campaña, es caravana”. Y cuando me despido de mis viejos, en la puerta de su casa, mi papi me dice: “Ya sabes, el próximo domingo salimos, voy a comprar las camisetas verdes para tu mamá y las guaguas, pero dirásle al Alberto que me mande propaganda para repartir en el barrio. Ahora hay que ganar”. Y mi mamá ya está pegando en la ventana el afiche de la Mónica, ahora su heroína.
Y yo me quedo pensando cómo voy a organizar la próxima caravana: la caravana de cinco, de dos guaguas, dos viejos y yo, para afirmar nuestra participación, nuestro aporte a la patria, a lo que hemos soñado. Ya vendrán nuevos domingos y vendrá el tiempo, el tiempo de otras Tierras posibles, como decía el viejo Eliseo Diego.
Septiembre 13th, 2007 at 12:46
Estimada Maria José:
Desde la Península te enviamos un gran abrazo. Por aca el triunfo de la 35 será arrollador. Exitos en la Asamblea.
Robert Soriano
Septiembre 16th, 2007 at 9:25
Aqui en Puerto-Lopez hay mucho gente que le gusta la 35.
Yo hablo por la victoria.
Septiembre 27th, 2007 at 11:19
Todos los asuncionistas estamos contigo… algunos no votamos pero te aseguro que nuestros padres lo haran!