¡Gracias, gracias, gracias, Patria!

 

CRÓNICA DE UNA VICTORIOSA CAMPAÑA

 

Por Aminta Buenaño

 

Qué rico es volver hoy a mi escritorio; a mi vieja y adorada computadora, a mis libros polvosos y arrugados, a mi ventana abierta para mirar al mundo, luego de tan ardua, tan intensa y dura jornada. La campaña fue todo un aprendizaje de vida, un recorrer el Ecuador por sus venas más profundas, un compartir con los compañeros de ideales y causas, y especialmente estrechar brazos, sentir el calor humano de la gente de nuestro pueblo, comprender que nuestro país es tan diverso y tan rico y que nuestra gente es de lo más chévere, trabajadora, inquieta, sencilla, profundamente humana; ese es el Ecuador que no aparece en las portadas de las revistas y periódicos, el Ecuador profundo, tan lleno de gente sabia y buena como el pan.

Para mí la victoria que tuvimos ayer no fue una sorpresa porque como candidata nacional me tocó recorrer pueblos y cantones de las diferentes regiones de la dulce patria y en todos esos caminos percibí la simpatía que generaban las propuestas de Movimiento País, cómo al pueblo le gustaba el hecho de que éramos gente nueva, joven o de posturas jóvenes y sobre todo no corrompidas por la mancha de la partidocracia. A mí especialmente me encantaba escuchar las sugerencias de mucha gente sencilla y humilde de los mercados que me decía, pero dígale al presidente Correa que no deje que los industriales suban los precios de los alimentos; o, como me expresó una viejita llena de arrugas pero que tenía los ojos más juveniles que yo haya visto en mi vida: “Dele contando al presidente cómo vivimos, dígale que confíamos en él para que cambie este país. También era agradable y gracioso ver cómo algún joven, de vez en cuando, se sacaba el cinturón y gritaba con voz destartalada: ¡Daleee Correa! Estas expresiones, naturalmente, eran el símbolo para mí de que este gobierno de Movimiento País estaba haciendo las cosas bien, que estaba sintonizado con la gente, con los anhelos de pueblo, con la onda del cambio y sobre todo con la necesidad de la participación ciudadana, de una nueva manera de hacer política en que el ciudadano, el hombre o la mujer de la calle tenga voz, de darle poder al ciudadano. Por eso no fue una sorpresa la lectura de ayer, el triunfo aplastante en las urnas, aunque sí lo fue el número de escaños que parece que vamos a tener, superior a nuestras expectativas. Es un premio, un beso del pueblo el que recibimos, pero sobre todo un compromiso histórico para con la Patria.

Un día antes de los comicios no pude dormir, el sueño apenas arañaba mi imaginación, recordaba los pueblos que había conocido, las caras nuevas se superponían una sobre otra en mi mente como si fueran piezas de un rompecabezas, agradecía también mentalmente a tantas personas de las que recibimos apoyo, una frase estimulante, sugerencias, propuestas, críticas, gente comprometida con el país y lo más hermoso, fue ver gente humilde de parques, plazas y mercados dando diagnósticos muy sabios sobre el país y la manera, a veces radical, con que ellos piensan que debe enfrentarse la corrupción (No lo cuento porque van a creer que soy nazi). Allí comprendí una frase que alguna vez escuchara: “Aminta, de la gente más humilde, más sencilla, es de la que más aprendes”.

También algo muy chévere fue ver la solidaridad entre compañeros rodar como un río de aguas mansas y cristalinas. Recordar a Lupita Jaramillo y su esposo Geovanni, de Alianza País, en Loja y sus múltiples atenciones para con nosotras. A Rosanita Alvarado en Cuenca cuya generosidad es tan linda como su rostro y su acento cantado, a Iván Quijano en Quevedo con su grupo solidario, y no cito más porque la lista es interminable y no pararía, pero sí debo de señalar que los compañeros y compañeras de Movimiento País en las diferentes provincias fueron muy generosos y nos hicieron sentir como en casa, para ellos en general va mi agradecimiento del tamaño de un Chimborazo.

Glenda Cagua, compañera de la lista y número 18 en el casillero, (la de la cabellera rizada y frondosa para más señas) fue en los recorridos una compa extraordinaria que majó lodo, como decimos los montubios, y frenteó gente y situaciones y lo que más me maravilló fue que superó en poco tiempo el terrible miedo que tenía a los medios de comunicación. Y no era para menos, porque en algunos, antes que ir a dialogar parecía que íbamos a un campo de batalla en donde se nos hacía herederos de todos los resentimientos políticos que tenían contra nuestro presidente y se nos pinchaba con preguntas capciosas que no sabíamos si devolver, contestar ingenuamente o quedarnos mudas. Pero de todo se aprende e incluso esa experiencia fue maravillosa. Algo que no olvido y que me marcó fue una experiencia que tuvimos en un mercado de Ibarra.

Habíamos entrado a entregar propaganda y a conversar con la gente, era mediodía y nos dispusimos a almorzar allí mismo, estaba conversando con los compañeros mientras esperábamos las humeante sopas, cuando de repente se acercó un niño de tez negra, ojos muy negros y vivos, de unos 9 años, con ropa harapienta y botas de caucho. Glenda, con esa aura maternal que tiene, me dijo que ella se había dado cuenta que era sordomudo y que lo que la maravillaba era que aquel niño nos había acompañado activamente cuando hacíamos campaña dentro del mercado y había hecho también proselitismo a su manera. Míralo, me dijo, es muy inteligente. En verdad el niño en ese momento se había hecho regalar un plato de sopa y en el momento en que yo lo examinaba ya iba por el segundo que alguien le había pasado. Mi sorpresa era ver cómo en ese cuerpecito delgado como una lagartija podía caber tanta comida y la rapidez con que la devoraba. Tiene hambre atrasada, me dijo conmovida Glenda. Sentimos pena y ternura por él, y Glenda averiguó que era huérfano y que se escapaba del orfanato en que vivía para ir al mercado.

Después de unas semanas ya nos habíamos olvidado del incidente y volvimos a Ibarra. Era de noche y en el coliseo los compañeros de Alianza País habían organizado una fiesta para agasajar al Presidente y a sus ministros. Todo era maravilloso, luces, bailes típicos, un proscenio desde el que hablaban los candidatos de Imbabura, cuando de pronto, debajo de la tarima vimos aparecer dos ojillos tímidos que miraban a un lado y a otro como un perrito asustado. ¡Allí está! le dije a Glenda, mira el niño. El pequeño escondido, arrodillado debajo del proscenio miraba de forma insistente al lugar en donde estaba el Presidente Correa con sus ministros. Al presidente, como es costumbre, muchos niños se le acercaban a besarlo y saludarlo. El pequeñín seguía mirando con insistencia. Yo adiviné. Glenda, propuse, por qué no llevas al niño a que lo conozca el Presidente. Ni terminaba de hablar cuando ella se puso de pie y caminó hasta el lugar en donde estaba semiescondido el chiquitín todo harapiento  y lo sacó. El niño parecía rehusarse como si tuviera vergüenza, pero luego se dejó llevar por Glenda, un poco cabizbajo y con el cuerpo laxo. Glenda se acercó con el niño al presidente, lo presentó y le explicó que nos había ayudado, a su manera, en la campaña. Rafael lo quedó mirando y le hizo algunas caricias tiernas en la cara. Quizá nuestro presidente haya olvidado este detalle, pero yo estoy segura que este niño huérfano no olvidará nunca este suceso y que lo recordará toda su vida. Si hubieran visto ustedes cómo brillaban sus ojos después de este encuentro, una cara de felicidad más linda que la de la luna  llena reflejada en el mar.

Esta campaña ha sido muy nutritiva para el alma y me ha comprometido más con mi país. Yo no soy una política de oficio, -¡gracias a Dios!- no tengo rabo de paja. Más que política me siento ciudadana y profundamente comprometida con la patria. Vamos a ir a la Asamblea por un Ecuador diferente, para cambiar estas viejas estructuras que han hecho mucho daño al país, para que no hayan más millones de compatriotas en el exterior soñando volver y teniendo enormes nostalgias por la patria, para que no hayan más niños a los que se les roba su infancia como el niño que conocimos Glenda y yo, para que nuestro país sea realmente un país justo y soberano capaz de generar felicidad para sus habitantes. Sé que la tarea encomendada por nuestro pueblo es dura y difícil, pero el gran escritor cubano José Lezama Lima decía que “solo lo difícil es estimulante”, por eso no nos amedrentamos porque sabemos que nuestro sacrificio tendrá sus frutos y que esos frutos los saborearán nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.

Quiero dejar consignado mi agradecimiento a mis queridos compañeros de la lista nacional. A Alberto siempre tan atento y preocupado por todos nosotros, Al Corcho un gran planificador como sus presupuestos participativos, A Norman Wray por su gran humor, a Tatiana Hidrovo por su amistad, a Jorge Loor por su sencillez y humildad que nos enseñaba cada día, a Pedro de la Cruz con quien bailamos no un sanjuanito sino un merengue en el Cantonés, a César Rodríguez, a Rosanna Queirolo, a Monica Chuji, a Betty Amores, a Glenda por su invalorable amistad y por su entrega desinteresada a la causa, a Tania Hermida por su genio creativo que tan bien nos ha hecho quedar en el exterior, a Jaime Alcívar por la poesía, a María Calle por el amor que compartimos hacia el periodismo, a Olguita Méndez que nos enseñó que para superarse no hay límites, a Carlos Valdivieso que hacía una linda campaña desde su silla de ruedas y que alguna vez escribió: ¡Soy discapacitado, pero con muchas capacidades!!!

A todos ellos  y a los demás compañeros mi amistad y mi ternura.

También un agradecimiento a mi familia que soportó mis alegrías y tristezas y el hecho de que tenía que desaparecer de casa por varios días. Mi cariño por esa santa paciencia que tuvieron y tienen conmigo.

Y Especialmente un agradecimiento GRANDOTE        al pueblo del Ecuador que confió en nosotros. No lo defraudaremos.

Este es solo un paso. Mañana empezaremos otro y quizá más importante: Proponer y discutir nuestras propuestas en la Asamblea, espero que el clima sea respetuoso y cordial por el bien de la patria.

¡Hasta la victoria siempre!

Los amo.

Aminta

 


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