Elegía del emigrante
General Septiembre 12th, 2007No es fácil partir cuando se va a lo incierto. Cuando se deja tras de sí los recuerdos, los amores, la familia, atrapados en una foto que la madre estrechará contra su pecho cuando le azote la nostalgia, y los hijos contemplarán agobiados por la espera o el rencor del abandono.
No es fácil partir, porque no es un simple viaje de aventura. Es el gesto desgarrado e inconforme con que una familia intenta salvarse de la crisis, que no ha aprendido ni sabe cómo sortear la desventura, ni está lista a esperar morirse gradual o súbitamente mientras todo se compone o descompone en un país a desarmarse como un rompecabezas.
No es fácil partir, cuando a uno nadie le espera. Cuando los diarios hablan de xenofobia en los países del primer mundo, cuando se está dispuesto a todo casi a cambio de nada, porque qué son las monedas si en trueque se van quedando los pulmones, el corazón, la vida, y las hebras del cabello, convertidas en plata prontamente, hablan de un tiempo rutinario en donde no crecieron los afectos, en que las horas solo se midieron por tintineo del cobre y por la espera ansiosa del correo. Muchos años después comprenderá todo esto…
No es fácil partir cuando la tierra llama, cuando los árboles, los pájaros, los aromas del día son extraños; cuando el tono, los dichos y la manera de ser son diferentes; cuando cada piedra, cada calle, cada parque grita que eres extraño, que no existes, que eres solo un transeúnte de ojos ciegos por un mundo poblado de fantasmas decimonónicos y leyendas memorables.
No es fácil partir y, sin embargo, se parte. Y es una forma de morir para nacer de nuevo. Y dentro del corazón como en un mar encrespado se agita la tristeza y la esperanza. La esperanza de hallar en otro lugar lo que negó tu país. Esperanza de luchar y de que esa lucha tenga sentido. El sentido que perdió en la patria donde nunca prosperas, sino solo sobrevives a tientas y locamente.
Esperanza de que el sudor de tu frente dé sus frutos y se traduzca en alimentos, educación y salud para los tuyos. Esperanza de que otros espacios y otro océano te devuelvan la fe. Esperanza de regresar contando un final feliz aunque los diarios te desmientan a cada instante.
No es fácil partir y sin embargo se llega. Se busca, se sobrevive, dispuesto a todo , a trabajar en la cosecha, en la construcción, en los puentes, cuidando ancianos, barriendo calles, de camarero, haciendo todo lo que en tu patria jamás hubieras hecho atormentado por los prejuicios y el que dirán. Liberado de la cadena de temores porque nadie te conoce y a nadie interesas.
No es fácil partir y, ¡oh, paradoja!, vivir soñando en regresar, trabajando de lunes a domingo para enviar un cheque a la familia, reuniéndote en los parques en donde encuentras a la patria en el rostro de un paisano, compartiendo la música, la comida, las postales, elaborando una identidad nacional que no conocías; tejiendo en la semana el duelo de la partida en solitario para terminar los domingos emborrachado en las nostalgias.
No es fácil partir, porque en el país se quedan las querencias, los aromas, las raíces. Porque tu partida la dictó la urgencia, los sueños rotos como pájaros sin alas. Porque pones distancia, porque te alejas cuando anhelas mejorar la vida, tejer la felicidad como se trenzan los cabellos, entregar los bienes que nacen de tus manos, reclamar la oportunidad que te negó el destino.
No es fácil partir, y aunque Circe te embriague con su hechizo, aunque mil odiseas te detengan, aunque la agonía de Ulises no sea mayor que la tuya, aunque rescribas otra historia, otra identidad, otra memoria; ¨ tu tierra ¨ , como una esposa fiel, te estará esperando para reencontrarte en el pasado que no fuiste.
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